8.agosto.2018

Viaje personal a través de la artritis reumatoide

Y cuando crees que tu cuerpo ya no puede soportar más dolor de repente nace en ti un profundo AMOR, dispuesto a abrazarte de ahora en adelante y para siempre.

El amor por uno mismo y que todo lo puede.

Os cuento mi historia, la que me cambió la vida…

La artritis reumatoide apareció a finales del 2016. A pocos meses de cumplir 40 años.

Por aquel entonces mi faceta como Dj y productora musical estaba finalizando, pues mi cuerpo hacia tiempo que no se sentía bien, y me pedía un cambio.

Aquí entiendo que el cuerpo ya me estaba mandando mensajes, pero como yo siempre he vivido más pendiente de lo que hay fuera en vez de lo que hay dentro, pues no supe escucharlo.

Esta es la razón por la que siempre les digo a las personas que me piden consejo que se escuchen, y que intenten entender los mensajes que el cuerpo les manda, porque bajo mi punto de vista una cosa tengo clara: el cuerpo antes de enfermar, avisa.

Volvamos a mi historia…

Primero una mano, luego un pie, al día siguiente la cadera, después la rodilla; Un dolor punzante y muy agudo me despertaba todas la noches y recorría mi cuerpo como si fuera una marioneta repleta de agujas clavadas, ésta es exactamente la sensación más descriptiva que puedo dar de mi dolor. Además recuerdo que pasaba de 0 a 100 en pocos minutos. No me avisaba. Ni tan siquiera me daba tiempo a prepararme mentalmente para esa noche o ese día largo y oscuro.

Viví con este dolor y en la total incertidumbre por no saber de dónde venia durante 4 meses,hasta que una reumatóloga me citó en su consulta y me leyó la última analítica, “tienes artritis reumatoide” me dijo y añadió, ” es una enfermedad auto-inmune, crónica, degenerativa y muy inflamatoria, tienes que cuidarte Mónica”. Acto seguido me dio dos consejos: el primero era que debía pincharme Metotrexato y el segundo era que podía comer lo que quisiera. Recuerdo que salí de la consulta muy triste y abatida, y no sabría deciros muy bien cual de las 3 noticias me sentó peor, si por tener una enfermedad grave, porque me habían dicho que tenia que pincharme un inmunosupresor, o porque podia comer de todo. Surrealista.

Aquella misma noche en la que no dejé de llorar ni un minuto, hice lo que siempre te dicen que no debes hacer en momentos así, buscar en Google. pero yo necesitaba saber, tenia muchas preguntas y pocas respuestas. Pero en 24 horas lo tuve claro.

Decidí aparcar el tratamiento convencional y centrarme en un tratamiento más natural. Respeto absolutamente todos los tratamientos pero mi cuerpo ya había pasado por mucha toxicidad con una operación muy dura de cervicales anteriormente con sus consecuentes corticoides y antiiflamatorios y no quería darle a mi cuerpo más químicos. Así que busqué la opción que mejor me iba en aquella etapa de vida. Busqué al psiconeuroinmunólogo Xevi Verdaguer el cual me ayudó desde el primer momento a entender qué le sucedía a mi cuerpo y de qué manera podíamos ayudarle a volver al estado inicial, al de no auto- agresión.

Así fue como comencé a estudiar naturopatia porque sentia que queria formar parte de mi recuperación, y demostrarme a mi misma que haber escogido una opción natural no era tan mala idea. Al menos debía intentarlo, sabía que si mi opción no funcionaba y el dolor seguía persistente siempre podría volver a la opción inicial , el metotrexato.

Tardamos 1 año y medio en regular muchos procesos por los que mi cuerpo estaba pasando: parvovirus, eipsten barr, intolerancia al gluten, permeabilidad intestinal, inflamación de los cornetes nasales, candidiasis, eccemas y picores debido a la histamina, giardias, parasitosis varias, inflamaciones constantes, síndrome del túnel carpiano, anemia muy pronunciada, falta de energía, cansancio, debilidad, dolor, cambios anímicos bruscos… y una largo etc.

Centré mi curación en 4 protocolos:

  • protocolo medicinal junto a Xevi Verdaguer.
  • protocolo nutricional donde aprendí a comer y a alimentarme de verdad con una alimentación viva, verde y vibrante.
  • protocolo de hábitos saludables, gracias a los cuales adopté un estilo de vida muy saludable.
  • y un protocolo psico-emocional, porque sabía que un tanto por ciento de mi recuperación residía en mi actitud y en mi mundo emocional.

Estos 4 protocolos fueron el pilar de mi recuperación. Sin ellos no sé si hubiera logrado nunca entrar en remisión. A día de hoy vivo sin dolor, no hay degeneración articular, y aunque soy muy consciente de que las enfermedades auto inmunes no desaparecen nunca, si creo en una recuperación total o parcial. Al menos tengo la delicada certeza de que adquiriendo unos buenos hábitos nutricionales, un estilo de vida saludable, terapias complementarias de apoyo al tratamiento base, y un buen cuidado del estado emocional, la persona puede mejorar muchísimo su calidad de vida y aprender a vivir sin dolor, o con menos dolor.

Aprender a vivir sin dolor cuidando de mi misma ha sido todo un viaje y una experiencia fascinante.

Me hizo mejor persona.

Más cercana y más humana.

Me devolvió las ganas de vivir.

Me regaló la verdadera autoestima , aquella que no se derrumba fácilmente por nada ni por nadie.

Me permitió por primera vez ser vulnerable, y aprender a pedir ayuda cuando la necesitaba.

Me despojó de esa “coraza inquebrantable” que te creas cuando te crees que eres invencible.

Me enseñó a soltar TODO aquello que necesitaba ser despojado de mi vida, porque ya no le valía.

Me acercó a los corazones de la gente vulnerable y necesitada de amor.

Amor del bueno.

Me brindó la oportunidad de reinventarme a los 40 años, y empezar de 0, sin miedo ni temor a fallar o a caer aunque el futuro fuera incierto.

Me enseñó a darme el amor más bonito que uno puede darse, el incondicional.

Y por encima de todo me dio la oportunidad de reencontrarme conmigo misma, esa mujer que un día la vida soltó de la mano y a la que hoy agarro con más fuerza que nunca dispuesta a vivir el mejor de los viajes.

MI VIDA.

Sólo puedo añadir que esta enfermedad vino a cambiarme la vida, la puso patas arriba y me regaló el mejor de los regalos, a mi misma. Recuperé algo que había perdido, mi esencia.